Los fetos bostezan en el útero

Un grupo de investigadores de la Universidad de Durham y Lancaster, en el Reino Unido, para su sorpresa y la de muchos, descubrieron  que los bebés bostezan dentro del vientre materno durante la gestación.

No son novedad las imágenes de fetos en las que se los ve con la boca abierta en el interior del vientre materno, pero existían diversas teorías que intentaban dar una explicación a ello. Algunos creían que efectivamente se trataba de bostezos, en tanto que otros consideraban que simplemente se trataba de una acción por reflejo. A través de este estudio se ha logrado diferenciar los casos de bostezos de los que no lo son, así como de las aperturas de la boca, concentrándose para ello en el tiempo que los bebés mantienen la boca abierta.

Para que la investigación fuera posible, participaron unas 15 mujeres embarazadas, a quienes se les efectuó una ecografía 4D, para obtener imágenes de las gesticulaciones de sus fetos, que en ese momento tenían entre 24 y 36 semanas de gestación. De este modo, se logró comprobar que más de la mitad de las aperturas bucales que se observaron en el estudio fueron en efecto bostezos.

Según lo expuesto por los especialistas, el porcentaje de bostezos comenzó a reducirse a partir de las 28 semanas, siendo su frecuencia casi la misma entre niños y niñas. Y a pesar de que se desconoce hasta el momento cuáles son las funciones de los bostezos, los investigadores creen que puede relacionarse con el proceso de desarrollo del feto, por lo que puede ser un factor determinante para que los profesionales médicos puedan estudiar mejor el desarrollo del bebé en el interio del vientre materno.

Asimismo, los especialistas coinciden en que los fetos no bostezan por sueño ni por contagio, sino que pueden estar ligados con el desarrollo del sistema nervioso central del feto que se está gestando.

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La falta de descanso en las embarazadas puede desencadenar un parto prematuro

Durante el embarazo resulta imprescindible dormir bien para, de ese modo, mantener una buena salud, puesto que se comprobó que las mujeres embarazadas que no descansan bien tienen mayores riesgos de tener un parto prematuro.

Las futuras mamás que por diferentes razones no logran dormir bien, ya sea por insomnio o cualquier otro trastorno del sueño, corren riesgo de que se desencadene un parto antes de tiempo, con las serias compliaciones de salud que ello implica para un bebé prematuro.

En efecto, una investigación realizada recientemente reveló que las embarazadas que no duermen lo suficiente durante la gestación tienen un 25% más de posibilidades de parto prematuro en contraste con aquellas mujeres que descansan bien, durante el primer trimestre de embarazo. En tanto que si la imposibilidad de un buen descanso ocurre en el tercer trimestre el riesgo es de un 18%.

Del estudio, que fue presidido por la doctora Michele Okun, participaron unas 166 embarazadas. De esa manera, se consiguió verificar que el riesgo real surge cuando los trastornos de sueño suceden en el primer trimestre de embarazo, puesto que si ello ocurría durante el segundo no se evidenciaba un aumento significativo del riesgo de parto prematuro.

A pesar de que pueden existir otros factores de riesgo, el sueño se puede medir de manera sencilla y rápida en los controles prenatales. Ante esta situación resulta clave que la embarazada le informe a su médico que posee  problemas para dormir, para así lograr identificar el incremento del riesgo de parto prematuro y tomar las medidas necesarias para ayudarla a descansar mejor.

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Hipertensión en el embarazo

Seguro que alguna vez te has preguntado porqué razón te miden la tensión arterial en casa control médico durante el embarazo. El motivo reside en que de ese modo es posible diagnosticar la hipertensión, una complicación habitual entre las futuras madres, pues si no es detectada a tiempo tanto la madre como el feto pueden sufrir serias consecuencias.

La tensión arterial puede definirse como la presión que ejerce la sangre en las arterias y los vasos sanguíneos, en especial los que transportan el oxígeno y los nutrientes que alimentan al bebé por nacer. De esta manera, cuando esa sangre circula muy fuerte se denomina hipertensión, e hipotensión cuando lo hace demasiado lento.

La presión arterial va variando a medida que avanza el embarazo. Durante las primeras semanas, es muy similar a la de cualquier mujer, pero a la mitad de la gestación desciende un poco, retornando comúnmente a la normalidad a partir de la semana 36. Se habla de hipertensión cuando sube por encima de 14/9. De todos modos, se desconoce a ciencia cierta por cuál motivo la hipertensión se presenta en unas embarazadas y en otras no, aunque parecería que cuando se forma la placenta, el organismo de la madre responde como si la rechazara. Esto ocasiona alteraciones en el desarrollo de la misma que, al liberar ciertas sustancias, generan daños en los vasos sanguíneos de la madre, haciendo que la sangre no circule a la presión que se debe, reduciéndose el volumen que llega al útero, lo cual puede influir en la alimentación del feto.

Los grupos considerados de riesgo son, además, las mujeres que padecen obesidad, las que tienen más de 40 años, aquellas que presentan embarazos múltiples, diabéticas o fumadoras.

Cuando se da un cuadro de hipertensión, esto puede hacer que surja la posibilidad de que tener que realizar una cesárea o que el bebé nazca con bajo peso o prematuro. Pero si la hipertensión es controlada debidamente, el embarazo seguirá su curso normal.

Entre los principales síntomas se hallan: visión borrosa, dolor abdominal y cefalea. Aunque en ocasiones tales síntomas se suelen confundir con los síntomas típicos del embarazo. De ahí la importancia de consultar con el médico para medir la presión arterial y actuar en consecuencia.

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La gripe en el embarazo aumenta el riesgo de autismo en los niños

La Academia Estadounidense de Pediatría, ha divulgado que aquellas madres que padecen fiebre prolongada o una gripe fuerte durante la gestación  son más propensas a tener un bebé con autismo.

El estudio, que fue realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Aarhus, Dinamarca, ha logrado demostrar que las embarazadas que padecen fiebre durante un lapso mayor a una semana corren el doble de riesgo de tener niños con trastorno de autismo. El mismo riesgo correrían aquellas mujeres que utilizan  antibióticos para aliviar los síntomas de la gripe durante el embarazo.

Según los expertos, las relaciones encontradas entre la enfermedad materna y el autismo en sus hijos no son concluyentes puesto que se trata de argumentos preliminares, por lo que es preciso realizar una nueva investigación para confirmar tales apreciaciones.

Para desarrollar dicho estudio, la información sobre la que se trabajó fueron los resultados de estudios en animales, teniendo en cuenta las deficiencias en el desarrollo neurológico del feto debido a la actividad inmune de las progenitoras.

Cabe señalar que en las últimas dos décadas un gran porcentaje de la población de todo el mundo se ha visto afectada por la gripe y, por consiguiente,  el autismo se ha vuelto un verdadero problema de salud. Esto ha llevado a que los científicos trabajen cada vez más en conocer sobre esta condición.

Durante su desarrollo, los niños con autismo presentan diversos síntomas que sirven como indicadores para poder identificar el problema. Según los cálculos, en uno de cada 88 niños afectados  prevalece este trastorno durante la adultez, pues si oportunamente se recibe el tratamiento médico adecuado  se logra una óptima transición hacia la vida adulta.

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Aumentan los casos de parto prematuro

Hasta el momento, se desconoce la manera de evitar por completo los nacimientos prematuros, tan sólo pueden analizarse los motivos que inciden en que cada día exista una mayor cantidad de bebés nacidos antes de tiempo, los cuales tienen que afrontar serias complicaciones para poder sobrevivir.

El parto prematuro es muy frecuente. Es considerado espontáneo cuando sucede antes de las 37 semanas de gestación, y podría estar relacionado con distintas causas, como una infección, traumatismo o estrés en la mujer, así como con embarazo adolescente y embarazo múltiple.

La Organización Mundial de la Salud ha difundido que, en todo el mundo, más de 15 millones de bebés nacen prematuramente. Aunque estas cifras se hallan en constante crecimiento. Aquellas embarazadas de edad avanzada o que han logrado un embarazo mediante tratamientos de fertilidad, son algunos de los muchos factores que influyen.

En el caso de las madres adolescentes, éstas poseen un alto riesgo de que su embarazo culmine antes de lo previsto puesto que su desarrollo aún no se ha completado y, generalmente, su estado nutricional es deficiente. A ello se le suma que tienen un menor control prenatal y suelen ser un tanto desorganizadas y descuidadas.

Según los especialistas, los partos prematuros pueden darse cuando una mujer posee intervalos cortos entre los embarazos, teniendo en cuenta que en esos casos el riesgo aumenta considerablemente. Lo más conveniente es esperar por lo menos entre 18 y 24 meses para planificar un nuevo embarazo, porque de lo contrario el cuerpo no tiene tiempo de recuperar sus reservas nutricionales.

Otros motivos que pueden poner en riesgo la continuidad de un embarazo son las infecciones, ya sean éstas vaginales, urinarias o uterinas, debido a que afectan de manera directa las membranas y pueden provocar roturas en la placenta, lo cual podría devenir en un parto antes de tiempo.

Asimismo, el riesgo crece cuando la futura madre pasa por vivencias traumáticas, posee muchas preocupaciones o atraviesa una situación de mucho estrés, porque esto hace que se produzcan ciertas hormonas que acaban por desencadenar el parto de manera prematura.

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Síndrome del nido

¿Alguna vez has oído hablar del síndrome del nido? Pues, bien, se trata de un llamativo estado de fuerza y euforia que suelen experimentar algunas embarazadas durante las últimas semanas de gestación, justamente cuando la mayoría se sienten sumamente cansadas. Dicho estado, posee causas físicas y emocionales.

Con respecto al nivel físico, el síndrome del nido puede ser explicado como una reacción espontánea que pone a prueba el cuerpo de la mujer para que esté en forma y bien preparado para el momento del parto.

Desde lo emocional, esta llamativa actividad no es más que un modo de evasión que emplea la embarazada ante el temor que le genera la aproximación al parto. Al mismo tiempo, constituye una evidente muestra de su interés e ilusión por tener todo preparado para la llegada del bebé.

Vale señalar que el síndrome del nido suele darse con más frecuencia entre las embarazadas activas, nerviosas e inquietas. Por lo que se recomienda intentar controlar la euforia y aunque la futura madre sienta que es capaz de hacer muchas actividades al mismo tiempo, es preferible que no las haga, porque aparte de exponerse a percances, como caídas o golpes, que podrían revestir peligro para el bebé y la mujer, realizar un esfuerzo extra podría hacer que el parto se adelante, lo cual es necesario evitar.

Lo mejor es procurar distraerse haciendo algunos ejercicios de gimnasia y relajación, pasear, organizar el bolso que se llevará a la clínica. Saber que todo está listo, servirá para que la madre se sienta más relajada.

Puede ocurrir que el afán por hacer cosas se incemente por las noches. En ese caso, se recomienda buscar hacer alguna actividad tranquila. Una cosa es mantenerse ocupada todo el día y otra muy distinta es hacer tareas que demanden estar mucho de pie o coger cosas pesadas. En este último caso, es necesario evitarlas porque implicarán un gasto extra de calorías. Ya de por sí el organismo posee varios kilos de sobrepeso, al tiempo que el metabolismo está acelerado para poder satisfacer las necesidades del bebé y no se descansa bien. Todo esto implica un desgaste de energías que no debe ser acentuado.

Por otro lado, en los días previos al parto, es importante evitar consumir chocolate, al igual que té o café, pues puede aumentar aún más el nivel de excitación.

Los síntomas de la artritis mejorarían durante el embarazo

La Sociedad Española de Reumatología dio a conocer que enfermedades tales como la artritis reumatoide pueden mejorar durante la gestación, lo cual es muy importante porque da la posibilidad de suspender el tratamiento durante el embarazo.

La artritis reumatoide es una enfermedad que se caracteriza por la inflamación crónica de las articulaciones, que se van destruyendo progresivamente ocasionando distintos grados de incapacidad o deformidad. Los medicamentos para tratar dicha enfermedad permiten disminuir los síntomas. Pero ahora se sabe que el embarazo podría ser considerado como un aliciente, puesto que hasta el 70% de las mujeres embarazadas que sufren de artritis, temporalmente no precisan recibir el tratamiento.

Si bien con el embarazo se puede notar una mejora de la artritis reumatoide, hay otras enfermedades como es el caso de las espondiloartritis, que también son inflamatorias crónicas, que empeoran durante la gestación, pudiendo llegar a provocar síntomas de parto. Otro ejemplo es el la esclerodermia localizada, una afección autoinmune que se caracteriza por alteraciones vasculares, fibrosis, entre otros síntomas, en la que a pesar de que no empeora con el embarazo se debe controlar periódicamente, ya que puede provocar partos prematuros.

De modo que según la enfermedad reumática los riesgos se pueden mantener, incrementar o reducir, tal como ocurre con la artritis reumatoide. Por lo general, aquellas mujeres que padecen enfermedades de este tipo tienen que planificar el embarazo para poder llevar un control total de la enfermedad. Para eso, es necesario consultar con el reumatólogo y el obstetra, con el fin de poder determinar un perfil de los riesgos y, a la vez, desarrollar el método de actuación que se llevará a cabo durante el embarazo.

En cambio, si no se desea tener un bebé debido a la enfermedad, los expertos recomiendan hacer uso de los métodos anticonceptivos actuales, los cuales son seguros puesto que no inciden en la enfermedad. En este caso, los especialistas serán quienes indiquen cómo y cuándo usarlos, aunque su empleo está contraindicado en aquellas mujeres que estén transitando etapas o periodos de inmovilización.

Más allá de que los especialistas aseguren que la artritis reumatoide mejora con el embarazo, siempre es necesario consultar con el profesional médico si se desea concebir un bebé.

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El sobrepeso en las embarazadas predispone a los bebés a sufrir obesidad

Según los profesionales médicos, los problemas de sobrepeso o de obesidad en las madres constituyen un factor de riesgo en la gestación debido a que existe la posibilidad de que sufran complicaciones, que pueden llegar a afectar incluso al bebé que se está gestando.

En efecto, investigadores colombianos realizaron un nuevo estudio según el cual los problemas de sobrepeso en las embarazadas predispone al bebé que está en el vientre a padecer lo mismo, es decir, la mayoría de las mujeres obesas dan a luz a bebés obesos, algo pudiendo llegar a afectar su desarrollo desde su nacimiento.

Del estudio, que ha sido llamado «Factores de riesgo perinatales para sobrepeso y obesidad en escolares en una población bogotana», participaron unas 528 mujeres y sus respectivos niños cuyas edades oscilaban entre los 5 y los 10 años.

Uno de los ítems más importantes de la investigación ha sido el de la programación fetal, que da cuenta cómo el ambiente al que es expuesto un feto influirá indefectiblemente en él durante su desarrollo.

De esta manera, se verificó que aquellas mamás que sufrían de sobrepeso antes de quedar embarazadas poseían casi el doble de riesgo de que sus hijos padecieran obesidad entre los 5 y 10 años de edad. Por lo que el cuidado inapropiado de la mujer influye en la vida de los niños.

Las mujeres obesas corren el riesgo de tener bebés demasiado grandes. Incluso, es sabido que cuanto mayor sea el peso del pequeño al momento de nacer mayores serán las posibilidades de padezca obesidad, ya sea a corto como largo plazo, pues necesitará más calorías para poder mantenerse y las continuará almacenando.

Una alimentación inadecuada produce alteraciones hormonales que, cuanto antes comiencen, se volverán permanentes. En caso que el niño nazca con un peso normal también será susceptible de ser obeso, ya que adoptarán las malas costumbres alimenticias de sus madres que, sumado a una vida sedentaria, los expondrá a padecer serias enfermedades.

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Medidas de seguridad para las embarazadas al volante

Hay muchas mujeres embarazadas que debido a sus obligaciones cotidianas, que incluyen indudablemente el trabajo o tareas familiares, se trasladan de un lugar a otro manejando. Por ello, si bien el hecho de estar esperando un hijo no inhabilita a las mujeres a conducir, es necesario que se tengan algunos cuidados.

Como primera medida, es importante saber que los conductores tienen la obligación de utilizar el cinturón de seguridad, aún estando embarazadas por más incómodo que parezca, ya que se trata de uno de los elementos fundamentales para la seguridad vehicular. Para colocarlo, la mujer tiene que estirar el cinturón, llevándolo por arriba del hombro, de modo que quede cruzando el pecho y no así la panza. En el caso de la cinta que cruza por encima de las piernas, ésta tiene que quedar bajo el vientre, más precisamente sobre la pelvis.

Otra cuestión de suma importancia es siempre mantener las manos en el volante, evitando todo tipo de distracciones, como hablar por el móvil o que buscar alguna cosa en el bolso. Cuando surja la necesidad de retirar la vista del camino lo más recomendable es estacionar el automóvil en el carril de emergencia, pues distraerse por cualquier motivo puede llegar a provocar  un accidente, poniendo lógicamente en peligro la vida tanto de la madre como del bebé por nacer.

Por otro lado, se sugiere que las embarazadas no olviden de llevar siempre consigo en el vehiculo abundante agua, así como un bolso que contenga determinados elementos que puedan ser de gran utilidad en situaciones de emergencia, como por ejemplo una muda de ropa, una toalla, etc, debido a que jamás se sabe con certeza cuándo habrá que partir en dirección al hospital.

En cuanto al asiento, el mismo debe ubicarse de manera tal que la embarazada se sienta cómoda para manejar, pues de lo contrario pueden sentirse molestias si el vientre queda muy cerca del volante, pudiendo resultar doloroso incluso para el bebé.

En el último trimestre de la gestación, cuando el momento del parto se aproxima, se recomienda que las embarazadas viajen acompañadas. De ese modo, podrán evitarse cualquier tipo de riesgos que puedan surgir en caso de sufrir una descompostura.

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Dieta para mujeres con diabetes gestacional

En España, el 8,6% de las mujeres embarazadas padecen diabetes gestacional. Esta cifra da cuenta de un problema, el cual se presenta como una de las alteraciones más comunes durante la gestación.

En las últimas décadas se ha registrado un notable aumento de casos de diabetes gestacional que, según los especialistas, se debe principalmente al incremento de la obesidad en las mujeres.

La diabetes gestacional acarrea diferentes complicaciones. Entre ellas, el aumento de peso del feto y mayores posibilidades de cesáreas. Al mismo tiempo, tras el parto, los bebés serán más propensos a sufrir diabetes, mientras que sus madres tendrán mayores posibilidades de padecerla a largo plazo.

De todos modos, es bueno saber que la calidad de la asistencia a la embarazada con diabetes gestacional mejoró de manera considerable y se espera la creación de unidades específicias de diabetes y gestación en los principales centros de salud españoles.

Las mujeres con diabetes gestacional, pueden verse beneficiadas si adoptan una dieta con bajo índice glucémico. Por lo menos, así lo asegura el Servicio de Salud del Sudeste de Sydney, Australia, en un estudio que realizó recientemente. De acuerdo a lo revelado en dicha investigación, este tipo de alimentación puede ayudar a las mujeres con diabetes gestacional a disminuir de manera  significativa la necesidad de insulina.

La dieta con bajo índice glucémico consiste principalmente en consumir carbohidratos de digestión lenta, como por ejemplo el pan, la patata y el arroz. Además de proteínas magras, presentes en el pollo, la carne y el pescado; y productos naturales, evitando lo más que se pueda aquellos que sean muy procesados.

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