Beneficios del diagnóstico precoz de la displasia de cadera

La displasia de cadera, que se da cuando la cabeza del fémur no encaja de manera correcta en la cavidad en donde se debería insertar, es una alteración que afecta a tres de cada mil recién nacidos.
El diagnóstico es realizado por el neonatólogo, al cual logra arribar luego de efectuarle una exploración exhaustiva, que incluye las maniobras de Barlow y Ortolani, y una ecografía de caderas.
Puede ocurrir que el niño no tenga displasia sino más bien una cadera inmadura o laxitudes en la misma producto de la influencia de las hormonas de la mamá. En ninguno de estos casos es necesario un tratamiento, ya que la cadera se irá normalizando con el transcurso del tiempo.
En caso de que el recién nacido sufra displasia, el tratamiento consiste en mantenerle durante un tiempo la cabeza del fémur en su lugar, hasta que el hueso se vaya desarrollando y adaptándose a donde debe ir. Para ello, debe colocarse el arnés de Pavlik o yeso pelvipédico, para mantener la cadera reducida y en la posición adecuada, para su correcto desarrollo.
Es sumamente importante el diagnóstico precoz de la displasia, pues de ese modo se evitará que dicha alteración en la cadera produzca a futuro dolor, artrosis o cojera. Incluso, cuanto más se demore su detección, más duro será el tratamiento.
A los niños con más de 6 meses de edad se les puede colocar un yeso pelvipédico, aunque generalmente la única solución es operar el fémur.
En los pequeños mayores de 1 año, tan sólo se puede realizar cirugías de reconstrucción de la cadera, para modificar el fémur, la pelvis o el acetábulo, que es la cavidad que posee la cadera en la que se inserta y articula la cabeza del fémur.

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