Causas y síntomas del embarazo psicológico

Aunque suene difícil de creer, un embarazo psicológico conlleva los mismos síntomas de un embarazo real. En estos casos, el ciclo menstrual se detiene, comienzan los mareos, antojos, náuseas, e incluso en una etapa más avanzada pueden crecer el vientre y los pechos, y hasta se pueden suscitar aparentes movimientos del bebé y contracciones uterinas.
Entre las mujeres más propensas a desarrollar un embarazo psicológico se encuentran aquellas con problemas de esterilidad y las que se encuentran en la etapa de la menopausia. Al mismo tiempo, el temor puede llegar a paralizar las mentes de  las jóvenes que recién inician su actividad sexual y viven permanentemente con miedo de embarazarse.
Otro de los factores que influye en estos casos es la presión social, según la cual se dice que el ser madre es sinónimo de MUJER y que, por lo tanto, estamos incompletas si no conseguimos realizarnos en esta área. De modo que pensamientos colectivos o personales, como la necesidad de amar y de afianzar las relaciones de pareja, suelen ser disparadores que ocasionan su aparición.
Un signo alarmante se suscita cuando la mujer cambia de forma constante de médico en búsqueda del diagnóstico anhelado. Por ello, los profesionales en la salud deben comprender el dolor de la paciente y brindarle la ayuda necesaria puesto que con una actitud contraria se podrían profundizar en la mujer los sentimientos depresivos.
Si las pruebas caseras arrojaran un resultado negativo, para estar completamente segura de que el embarazo es real lo mejor es confirmar el diagnóstico mediante un análisis de sangre y, si todavía existen dudas, un ultrasonido es la opción más conveniente para demostrarle a la paciente que no esta gestando.

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El parto vaginal incrementa el riesgo de sufrir incontinencia urinaria a futuro

Un estudio llevado a cabo en Suecia reveló que las mujeres que tienen a sus hijos mediante parto vaginal, poseen una mayor tasa de incontinencia urinaria durante la menopausia, en comparación con aquellas a quienes tuvieron sus hijos por cesárea.
Esto se debe a que la cabeza del bebé ejerce una gran presión sobre los músculos por los cuales pasa en el momento del parto, por lo cual esos mismos músculos pueden resultar dañados.
El estudio, que fue realizado por la Academia de Sahlgrenska de la Universidad de Gotemburgo, logró de este modo determinar que el 40% de las mujeres que tuvieron a sus hijos por parto normal sufrieron de incontinencia urinaria en distintos grados al llegar a la edad madura, en contraste con la tasa del 29% de aquellas mujeres que tuvieron a sus hijos por cesárea.
Pero incluso el estudio demostró que en aquellas mujeres que comenzaron el trabajo de parto pero, por diversos motivos, terminaron en cesárea, el riesgo de padecer incontinencia, en comparación con aquellas que tuvieron una cesárea programada, es el mismo.
Esto no quiere decir que se promueva la cesárea, sino que debe estudiarse la forma de evitar la incontinencia futura.
Vale aclarar que el sobrepeso en el embarazo implica una sobreexigencia mayor en la musculatura pélvica, lo cual también incrementa los riesgos a futuro de sufrir incontinencia. Aunque, claramente, este es un factor que puede evitarse.

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