
El estrés en rasgo generales casi siempre se asocia con una persona hiperactiva, que se preocupa por demás y durante el embarazo, esto puede interferir el desarrollo armonioso que el bebé necesita para su crecimiento, por eso es muy importante tener presente que la futura mamá debe tratar de no tener preocupaciones, evitar el exceso de responsabilidades laborales, las peleas y discusiones con su pareja para no verse afectada.
El estrés en la mayoría de las veces sobre todo durante el embarazo, proviene de situaciones cotidianas, como preocupaciones extremas, el no poder llevar la situación del embarazo y sentirse incomprendida por los hijos mayores, la pareja o la familia, o el atravesar momentos críticos ya sean laborales, personales o que se viven a diario.
Las mujeres muchas veces no pueden manejar el exceso de preocupación y éstos influyen silenciosos pero negativamente en sus embarazos, hay personas que siempre están programadas negativamente, se preparan para cualquier desastre y viven sus vidas en torno a la fatalidad. Esto puede afectar generando en el organismo grandes picos de estrés.
En el caso de la familia, cuando una futura mamá está embarazada, es normal que sus hijos mayores o que todo el entorno no sepa cómo comportarse y no entienda que la futura mamá a veces no alcanza a cumplir con todas aquellas cosas a los que los tiene acostumbrados, de allí se generan un sinfín de sentimientos encontrados, reproches, y esto también puede causar estrés.
Por eso se recomienda que una mujer embarazada cuando el estrés la invade, sepa distinguirlo, y canalizar todas esas energías negativas para transformarlas en positivas y así evitar complicaciones. El relax, los masajes y la actividad física son de gran ayuda para los momentos de estrés.




A muchas mujeres les resulta muy difícil volver a recuperar su figura tras el parto. Durante el embarazo debemos conseguir más calorías para alimentar a nuestro hijo lo que ocasiona un exceso de grasa en zonas como el abdomen y las cartucheras que son más propensas a acumularla. Sin embargo, es posible recuperar nuestro físico a través de un método sano y natural: amamantando a nuestro bebé. Y es que la lactancia rebaja el nivel de azúcar en sangre además de contribuir a dejar esos kilitos de más que hemos cogido durante el embarazo. Muchas mujeres han podido comprobar como poco a poco perdían parte de la grasa acumulada en las cartucheras mientras alimentaban a su niño. Ante todo no hay que obsesionarse con esto. Un exceso de lactancia nunca puede ocasionar perjuicios a nuestro bebé y ayuda a mantener una buena relación con él y a mejorar nuestra propia salud.


